domingo, 21 de agosto de 2011

NTRA. SRA. DE LA CONSOLACIÓN DE TÁRIBA (VENEZUELA) Y TORRIJOS




Una nueva historia nos trae a esta ventana un hecho histórico relacionado con un torrijeño emigrado a las Indias en el siglo XVI.


Después de fundada la Ciudad de San Cristóbal (Venezuela) por Juan Maldonado Ordóñez y Villaquirán en 1561, se asignaron las tierras circundantes bajo la figura de la Encomienda para ser explotadas por los españoles. La zona de Táriba correspondió en ese mismo año a Juan de Salinas y en 1565 se le asignó a Alonso Álvarez de Zamora.


Los Agustinos de San Cristóbal desearon cristianizar a los indios Táribas y al efecto, enviaron a dos religiosos de su convento, sin más equipaje que sus breviarios y una tabla en donde estaba una imagen de Nuestra Señora de la Consolación, advocación que se debe a Santa Mónica, madre de San Agustín. Los dos padres llegaron ya entrada la noche a la margen del río; tomaron una caña amarga y allí ataron la tablita y asidos a la misma caña se echaron al río, que pasaron con facilidad haciéndoles imagen la luz de la tablita siguieron y llegaron a la zona donde hoy está la Basílica de Ntra. Sra. de la Consolación, en donde fijaron la caña con la milagrosa imagen y a su tiempo emprendieron su misión evangélica. En aquel lugar levantaron una Ermita donde oficiaban la Santa Misa.


Amparados por la Santísima Virgen, el Cristianismo quedó sembrado en esta región. Años después, los indios Guásimos y los Capachos hicieron una irrupción contra los indios Táribas, que huyeron del lugar, y los Padres también volvieron para su convento de San Cristóbal. Una mujer se llevó la Imagen a su casa y la colocó en un altar, pues era india cristiana. Dice la historia que desde los campos de Machirí y Pueblo Nuevo veían por la noche iluminada la casa de la mujer y venían a ver lo que sucedía...


Fue en casa de Alonso Álvarez de Zamora, uno de los primeros pobladores de Táriba, quien residía allí con su padre dedicado a las faenas agrícolas. Tenía visita Álvarez de Zamora, pues estaban pasando el día con él algunos amigos que habían acudido aquel día de San Cristóbal. Uno de los visitantes era el joven torrijeño Juan Ramírez de Andrade, que andando el tiempo sería Alférez Real de la ciudad de Pamplona (Colombia) a muy pocos kilómetros.


Mientras los adultos hablaban, los jóvenes decidieron organizar una partida de bolas. Tomaban parte en el juego el mencionado Ramírez de Andrade y tres de los hijos del anfitrión, a saber Jerónimo de Colmenares, Alonso Álvarez de Zamora y Pedro de Colmenares. Durante el transcurso del juego se les rompió una de las paletas que usaban para el mismo. La búsqueda de alguna tabla, con la que pudieran suplir la paleta rota, los condujo a la despensa de la casa, en la que se guardaban las cosechas. Allí encontraron una tablilla que parecía haber sido imagen, a juzgar por la guarnición que aún conservaba; pero ni la guarnición estaba barnizada, ni se podía distinguir figura alguna. Decididos a partirla, la golpearon sin éxito contra una piedra. Intentó lo mismo Jerónimo con un cuchillo. Salió en ese momento de la casa la madre de los muchachos, Leonor de Colmenares y, airadamente, los regañó por la irreverencia que estaban cometiendo contra la que ella conocía que había sido imagen sagrada; quitándosela, volvió a guardarla en la despensa, colgándola de una estaca en la pared. Era poco después del mediodía.


Algunas horas después, hacia las cuatro de la tarde, con sorpresa, advirtieron que la despensa resplandecía como si se hubiera incendiado. Corrieron todos, ansiosos, para apagar el fuego que parecía amenazar toda la casa; pero mayor fue aun su sorpresa cuando, al penetrar en la despensa, cayeron en la cuenta de que la luz brotaba de la tabla, y que en ella aparecía, claramente dibujada, la imagen de Nuestra Señora, bajo la advocación de La Consolación.


En la actualidad, la pequeña ermita construida en la despensa del maíz se ha convertido en una basílica menor, declarada como tal por el Papa Juan XXIII, el 23 de Octubre de 1959.


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